Andurriante Viajes

Viajar a Isla de Sal, una desconexión total

Viajar a Isla de Sal es dejar las preocupaciones en casa, olvidarte del reloj y disfrutar de lo que yo siempre llamo los pequeños grandes momentos de felicidad. Y es que allí la clave está en la simpleza. La vida transcurre a otro ritmo, sales a la calle con el bañador ya puesto y te tiras en sus preciosas playas de arena blanca y aguas turquesas, o coges la tabla de surf, y las horas pasan dulcemente, no vuelan, porque las saboreas…

Hablas con algún simpático local, ese que has conocido en la playa y que te vuelves a cruzar en el bar, con el que coincides en una excursión y con el que brindas en el bar de moda en Santa María. Y broma tras broma es como si os conociérais de siempre… hasta puede que te pida que le regales un sombrero a cambio de una tabla de paddle board…

Isla de Sal es de esos sitios por los que quizás algún día soñarías dejarlo todo y dar un cambio radical en tu vida, o quizás tan sólo un paréntesis de tu vida cotidiana… El caboverdiano vive feliz, sin grandes pretensiones, con el único propósito de coger unas buenas olas, disfrutar de un buen pescado y gastarse medio sueldo en fiestas… No necesitan más, y eso se contagia!

Son muy familiares y muy educados, y desde el primer minuto te harán sentir bien, aunque no lo olvides… sigue siendo un país algo pobre, así que no esperes encontrarte infraestructuras tipo República Dominicana o Riviera Maya. En cualquier caso, justo ahí encontramos nosotros esa esencia africana que tanto nos gusta. Aires de decadencia y de humildad, impregnados de una felicidad y un buen rollito que se pega! y sí, un toque rastafari como el de Gambia, aunque en menor medida.

Nosotros estuvimos una semana y esto sí que fueron auténticas vacaciones, de las de descansar y no hacer nada, salvo tirarte a tomar sol y pasarlo bien!

Mucha gente nos pregunta si vale la pena ir, la respuesta es sí. Lo hemos disfrutado muchísimo y necesitábamos ya un viaje de este tipo! Y tú, te animas?

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