Así es como terminé confinada en Tailandia por culpa del COVID-19

Hace algo más de 9 meses decidí dejar mi vida en España, en mi amada isla, Tenerife, para comenzar un viaje de solo ida por el Sudeste Asiático. Un viaje que no me planteé nunca como unas simples vacaciones. Aunque supongo que así es como mucha gente se cree que he estado todo este tiempo, pero no. ¡Qué más quisiera yo!

Lo cierto es que salí de casa con la intención de buscar una nueva forma de vida. Me vine cargada con mi equipo de trabajo a la espalda, con la mente rebosante de ideas nuevas, con la motivación a tope y con la idea de poner en marcha varios proyectos, tanto personales como profesionales, que llevaba ya un tiempo gestando. Y unos pocos meses después de ponerme en ruta, ya con bastantes euros menos en la cuenta bancaria, las cosas empezaban a salirme bien. ¡Qué suerte! dirían algunos. Pero los menos ingenuos saben que cada uno se busca su propia suerte. La mía vino de la mano del esfuerzo, del trabajo, de la experiencia, de las ganas, de saber aprovechar las oportunidades… Conseguí la manera de trabajar en algo que me gustaba haciendo lo que más amaba, viajar.

Lo que nunca me habría imaginado es que a mitad de este viaje me iba a ver obligada a parar por una pandemia mundial. ¡Una pandemia mundial!. Ni en mis peores pesadillas hubiera pensado en un escenario así.

Al principio todo parecía muy lejano. Estaba en Vietnam cuando empezó a hablarse de un problema con un virus en China. Era el país vecino, pero aún así se veía todo demasiado lejos.

Mi viaje siguió con absoluta normalidad hasta que el virus llegó a Europa. Yo ya había recorrido Camboya y Laos y pasé unos pocos días en Tailandia antes de irme a Myanmar. Italia se desmoronaba, y, mientras, yo viajaba con mi amiga italiana Micaela. Qué cerca se sentía ya. Y cada vez todo era más rápido. Asustaba más y más. Y España no tardó en caer.

En cuestión de unos días mi pasaporte me vetaba la entrada a muchos países. Daba igual que llevara ya más de 7 meses fuera de Europa. Estaba en la lista negra de muchos países asiáticos. Y algunos empezaban ya a cerrarse. Tras varios mails con la embajada y varias conversaciones con la familia… tenía que tomar una decisión sobre qué hacer. La tomé. Decidí quedarme en el Sudeste Asiático. Volver a España me parecía una locura y un riesgo. Ni siquiera sabía cuánto iba a durar esto y si podría retomar mi trabajo aquí. Tomé mi decisión asumiendo otras consecuencias, como que algún familiar o persona cercana a mi pudiera enfermarse y que me cogiera a miles de kilómetros de distancia. Puedes imaginar que no fue fácil. Nada es fácil en un momento así.

Al principio, pensé quedarme en Myanmar, buscar un lugar lindo y esperar a que la situación mejorara. Al día siguiente cambié de parecer. Entre otras cosas, por la recomendación de la embajada de que abandonara el país lo antes posible por su precario sistema sanitario. Así que Micaela y yo lo hablamos y decidimos que Langkawi, en Malasia, era un buen lugar para autoconfinarse: hospital, aeropuerto, playa, duty free… Pero tan sólo un día más tarde Malasia anunciaba que cerraba las fronteras en 48 horas debido a un brote en un evento religioso que disparó los contagios. Estábamos en un pueblo al norte de Myanmar. ¡No nos daba tiempo de llegar! Y de nuevo… No sabíamos qué hacer.

Noches de insomnio, nervios, algunas lágrimas… Me hablaba por Instagram con otros viajeros y nos dábamos apoyo unos a otros. Todos estábamos en las mismas. Algunos decidieron volverse a casa, otros buscaban como locos la forma de llegar a Indonesia o a Tailandia. Cancelaciones de vuelos, gente quedándose tirada en las escalas, gente pasando días y días y semanas en los aeropuertos. Empezaba la locura de los viajeros. Caos, miedo, incertidumbre… Y desde España todo a peor. Decenas de mensajes diarios: “ni se te ocurra volver”, “quédate donde estás pero no vengas a España”, “deberías irte a tal sitio o a tal otro”,”¿qué haces que no vuelves a casa?”, “estás loca quedándote ahí”… La cabeza a punto de estallarme. Lejos de casa, nerviosa, confundida… Y Madrid cada vez peor. Gente muriendo. Los hospitales colapsados. Sigo recorriendo Myanmar rumbo al sur para alcanzar Yangón, rumbo a las embajadas y el aeropuerto. Pero las distancias son largas y los transportes no son muy buenos. Micaela en mitad de un bus nocturno al lago Inle compra un vuelo para irse a Irlanda. Y me quedo sola.

¿Y ahora? ¿Qué hago? ¿Salgo de Myanmar? No quiero pasar sola por todo esto. Creo que es importante estar con alguien, por lo que pueda pasar. Tengo un amigo en Bagan. Voy a dar con él y vamos a decidir juntos qué hacer. Me está esperando en un hotel en Bagan y allí me refugio con él. Por fin, después de varios días de locura, consigo encontrar algo de paz en este caos. Y hasta me tomo el lujo de desconectar de todo y todos un día completo. Se llama salud mental. Tomar decisiones bajo presión es complicado, pero más aún en estas circunstancias y con esta incertidumbre. Desde la seguridad del hogar las cosas se ven de otra manera.

Decidimos irnos a Tailandia. Otros amigos de Laos están yendo a Tai. Vamos a encontrarnos todos en Koh Phangan y pasar esta locura juntos, refugiados en una isla bonita. Pero es cuestión de días que Tailandia cierre también sus fronteras. Es de los pocos países aún “abiertos”.

Mi amigo va a venir conmigo a Yangon pero no cruza conmigo a Tai. Tiene que solicitar la visa en la embajada porque le han cancelado la visa on arrival con su pasaporte. Vale, me voy sola y lo espero allí. Miles de horas de bus nocturno de Bagan a Yangon. Compro el vuelo estando en el bus. Me dejan directa en el aeropuerto. No llevo certificado médico negativo del coronavirus, al parecer no hace falta aún para entrar en Tailandia. Pero llevo mi vuelo de salida de Tailandia, eso sí que lo están pidiendo. Tengo un vuelo a Tokyo en 3 semanas. Que evidentemente no voy a poder coger porque va a estar todo cerrado.

Facturo en el mostrador de Air Asia y todo en orden. Me voy directa a la puerta de embarque. Y ahí me derrumbo. Me siento en el suelo. Y me bebo las lágrimas. Espero que me dejen entrar en Tailandia. Pero ¿a dónde demonios me voy? Mi amiga que está en Koh Phangan me dice que el día anterior hubo 2 positivos de coronavirus en la isla. No me voy a ir hasta allí sabiendo que ya hay casos. ¿Y si me voy a Koh Tao? Tengo amigos. Y además una compañera blogger y su novio llegan de Indonesia a Bangkok casi a la misma hora que yo y me dice que la espere en el aeropuerto para irnos los tres juntos a la isla. Pero creo que meterme en una isla no es buena idea.

Mi vuelo sale en hora y media. Y en Bangkok no me voy a quedar. ¿A dónde voy? Me sigo bebiendo las lágrimas. Llevo días casi sin dormir, cogiendo miles de buses nocturnos, recuperándome aún de un resfriado. No me quedan fuerzas. Dos amigos me consuelan y me aconsejan por Instagram. Uno desde España y la otra desde Filipinas. No los conozco en persona, pero hemos compartido muchas cosas virtualmente durante años. ¡Gracias por todo el apoyo! ¡Qué importante es tener en estos momentos a alguien que te entienda y que te sepa escuchar!

  • Yo: “no quiero estar sola nena”
  • Mi amiga: “seguro que no vas a estar sola. Estés donde estés vamos a encontrar a gente ;)”
  • Yo:”estoy paralizada. Soy incapaz de tomar una decisión ahora mismo”
  • Mi amiga: “No la tomes con el corazón y tómala más con la lógica”

Y entonces me escribe Sofía. Nos conocimos en Gili Trawangan en agosto. Me dice que está en Krabi con unos amigos y que vaya con ella. Y así, respiro aliviada. Por fin tengo a donde ir. Krabi tiene aeropuerto, hospitales, playas. Y ya estuve hace dos años, lo conozco. Un buen lugar para refugiarse y bien acompañada. ¡Me salvaste la vida gordita!

Llego a Bangkok y cojo internet para comprar mi vuelo a Krabi. Carísimo por cierto. 4 horas de espera en el aeropuerto, pero por fin embarco. Un vuelo rápido y mini van hacia la guesthouse donde está Sofi en Ao Nang. Por fin he llegado. Muerta de cansancio. Sin fuerzas de nada. Pero aliviada. ¡Lo he conseguido! Toca ponerse a salvo. Estoy “en casa”. Como me dijo mi amiga de IG, Tailandia es”casa” para todos los que viajamos por el Sudeste. Buena sanidad, buenas conexiones aéreas y amigos que puedan cuidarme y a los que cuidar. Pero siguen los mensajes desde España. Mis padres respiran por fin aliviados de ver que estoy aquí. Una de mis mejores amigas me echa una bronca por WhatsApp. Dice que soy una egoísta por no volver a casa. Y algún mensaje de gente desconocida por Instagram: “eres una inconsciente”, “eres una auténtica subnormal, que coño haces de vacaciones”, “jódete si te pasa algo zorra”. Muchos más mensajes de apoyo que esta mierda de 4 amargados. ¿Yo de vacaciones? No tienes ni idea de mi vida, ni de lo que hago, ni de lo que siento, ni de por qué tomo las decisiones que tomo. Bloqueados, por gilipollas.

Me duermo de nuevo entre lágrimas. Mañana es otro día. Ahora hay que buscar un sitio donde quedarnos indefinidamente porque es probable que los hostales y los hoteles cierren. Vienen días de búsqueda de piso, a poder ser con cocina, porque los restaurantes van a cerrar en breve también. Tailandia está a punto de echar el lockdown.

Mi amigo argentino Mati viene de India, ojalá pueda entrar en Tailandia sin problema. El amigo con el que estuve en Myanmar llega en 2 días. Natasha mi amiga francesa está en Kioto y va a intentar venirse a Tailandia también. Ana y J están en Koh Phangan y Joao tuvo que salir de Vietnam y volver a su casa en Brasil.

Sofi y yo conseguimos un alojamiento en Ao Nang que está muy bien en el que nos podemos autoconfinar todos juntos. Negociamos precio y empezamos a instalarnos. Los chicos van llegando en los siguientes días. Rani y Cris, a los que conocí en Malasia en septiembre, vienen también desde Koh Tao. A Natasha, recién llegada de Japón, la retienen en Bangkok y le quitan el pasaporte. Horas y horas y horas en una sala del aeropuerto sin comida ni nada. Sin saber que hacer. Desesperada. No la dejan entrar en el país. Se tiene que ir a Europa, pero no puede irse a Francia, donde vive. Consigue alcanzar Rotterdam y a día de hoy, casi un mes después, ahí sigue. En breve se marcha a Paris, pero no tiene piso ni dónde quedarse.

Vista de drone de los alrededores de nuestra nueva casa.

Pasamos 3 semanas totalmente autoconfinados en nuestros bungalows, saliendo solo al supermercado. Menos mal que al menos tenemos piscina y somos un buen grupo de amigos. Aquí en Tailandia han decretado el toque de queda y no se puede salir desde las 22 de la noche a las 5 de la mañana. Ya han arrestado a extranjeros en otras zonas del país por saltarse el toque de queda. Multa de unos 1.200 euros y unos días de calabozo.

La primera semana pasa bien. Piscina, amigos, descanso y sobre todo alivio. La segunda se hace algo más difícil. Y la tercera a ratos también. Hay días buenos y días menos buenos. Jornadas intensivas de Netflix, días de risas y birras, días de llantos, frustración, incertidumbre y miedos. Pero todo va genial en realidad. Hay salud y estamos seguros aquí. Siguen los mensajes desde España. La gente está ya desesperada. El encierro empieza a pasar factura. Viven con miedo. A medida que pasan los días me doy más cuenta de que he hecho bien en quedarme aquí. Estoy convencida de que acerté con la decisión que tomé.

Decido alquilar una moto. Y gano algo de libertad. Puedo salir al supermercado sin derretirme por el camino con estos más de 30 grados, y podemos acercarnos un ratito a la playa cuando nos apetece.

Hemos hecho ya un mes aquí. El gobierno de Tailandia nos ha renovado visa gratuitamente. Primero lo hicieron hasta el 30 de abril y ya anunciaron que hasta el 31 de julio. ¡Otro alivio! Nos repetimos a diario que no podemos quejamos, porque estamos de lujo. Amigos, buen clima, piscina, playa, buenos precios… Pero echamos de menos viajar. Ninguno está aquí porque ha querido. Ninguno planeaba venir. Pero aquí estamos. No sabemos cuánto va a durar. No sabemos qué haremos después. No sabemos nada. Hemos perdido nuestras fuentes de ingresos y estamos intentando alargar el dinero todo lo que podemos.

La situación no es para nada idílica. Pero quizás ha sido lo menos malo, eso sí. No me arrepiento de haberme venido a Tailandia. Estoy tranquila porque las personas que quiero están bien, porque aquí de momento la cosa está calmada y controlada y sin duda mucho mejor que en España. Y sin duda, lo mejor de toda esta cuarentena, es la familia que he hecho aquí. Sofi, Guille, Sebas, Cris, Rani, Chris y Mati. Ellos son los que me dan fuerza, los que me aguantan, los que me alegran los días.

Sigue siendo difícil, porque esto es algo impuesto. Se suponía que iba a recorrer Myanmar, me iba un mes a Vietnam a trabajar en algo que me hacía mucha ilusión y luego me iba a conocer Filipinas unos meses. Pero no. Aquí estoy esperando. Sin poder salir de Ao Nang. Y a nivel profesional, tengo que volver a reinventarme. Pero hay salud. Hay fuerza y hay ganas. Hay muchas cosas lindas que agradecer. Hay esperanza.

14 comentarios en «Así es como terminé confinada en Tailandia por culpa del COVID-19»

  1. Hola bonica,
    Cualquier decisión era y es difícil, acertada y desacertada y, lo más importante, casi producto del azar, de las sensaciones de un segundo dado porque estoy segura que al siguiente han cambiado.
    Nadie (ni siquiera alguien que ha vivido algo parecido) puede ni podrá entenderte y, aunque ya lo sabes, juzgarte.
    Ojalá tuviera una bola mágica para poder decirte que todo va a estar bien y que podremos recuperar nuestras vidas tal y cómo nos la montamos, pero si de esa salimos, saldremos de esta. Como dices, tienes Salud y, lo mejor, mucha energía para llevarlo adelante.
    Mucho ánimo,
    Tu amiga de instagram 😉

    Responder
    • Ay mi nenita linda! Eres luz! suscribo totalmente tus palabras! y qué ganas de verte el hociquillo en persona y achucharteeeee! Como siempre,te mando un beso gigante y toda mi buena vibra! 😉 Gracias por ser y estar!

      Responder
  2. Hola Arian, la verdad que dentro de todo llegar a Tailandia ha sido una muy buena decisión!
    En mi caso me encontraba en las playas de Jureré, Brasil, y cuando nos alertaron creímos no sería nada grave.
    Error… al momento que intentamos regresar (soy de Argentina) las fronteras estaban cerradas y no pudimos cruzar sino 2 días después.
    Afortunadamente ya estoy en casa, pero el solo pensar que no podría volver a ver a mi familia…

    Bueno, beso y a cuidarse!

    En amistad… Rober

    Responder
  3. Hola! Muy buena tu historia y me parece genial lo q hiciste. Te quería consultar si sabes algo de la apertura de frontera pj si podré viajar a Tailandia desde Barcelona a finales de julio, pasajes a la venta ya hay a partir de julio; sabes algo?

    Saludos Augusto

    Responder
    • Hola Augusto! Aún el gobierno no ha dicho nada, en principio al menos durante julio, el país sigue cerrado. Ni siquiera sabemos si nos extenderán la visa a los que ya estamos dentro. A ver qué pasa. Abrazos viajeros!

      Responder
  4. Me ha encantado tu relato. Que no te importe lo que diga la gente, el encierro ha sido duro y no se han parado a pensar en lo que otras personas estaban viviendo y sintiendo lejos de sus casas. Has tomado la mejor decisión, volver a España hubiera sido más arriesgado y hubiera roto todos tus planes. La vida es ahora y hay que vivirla, con pandemia o sin ella y tú la estás viviendo!!! Un saludo y muchos ánimos!!!

    Responder
  5. Hola. He leido tu relato, ya que tengo cierto interès en todo lo que se pudiera relacionar desde algo, o alguien de este pais, con Tailandia. Yo he estado en ese pais varias veces. Quiero decir de toda tu historìa, que me parece amena y aunque tambièn pudiera para muchos otros, parecer breve, yo digo que no te aplaudo (ya que tàmpoco es una “gesta”), pero si te envidio por haber cumplido ese “reto”
    Bueno, esto es solo un pequeño comentario y no debo 3xtenderme màs.
    Un saludo , suerte y ànimos, si ahora puedes seguir con tu proposito al recorrer el sureste de Asia.

    Responder
  6. Te has quedado ,en el mejor pais del mundo,el mejor pais donde mejor han “gestionado”esta pesadilla llamada vovid -19.Ojalá puedas quedarte a vivir allí.En Tailandia hay mucha paz,calidad de vida (aunque muchos no lo crean).Hiciste lo correcto,y
    nunca lo vas a olvidar.

    Responder
    • Hola Mari! Muchas gracias!!! Cuando tomé la decisión de venirme, no sabía si iba a salir bien o no. Y ahora, meses más tarde, y todavía aquí, estoy feliz de haberlo decidido. La verdad es que la suerte estuvo de mi parte y, como bien dices, no habría encontrado sitio mejor para refugiarme durante toda esta locura. Abrazo gigante! Ari

      Responder
  7. Hola, me alegro de que te haya salido bien todo. Espero que hayas podido reanudar tus proyectos y sigas tu viaje, que a mí me parece fascinante. Tanto que me he quedado enganchadísima leyendo tu post, ¡escribe un libro, por fa! Es una perspectiva del coronavirus muy interesante. Un saludo.

    Responder
    • Hola Raquel! Muchas gracias por tus palabras!!! sigo en Tailandia, y feliz por la decisión que tomé. Y sí, me he planteado lo del libro sobre el viaje, no es mala idea. Gracias por la sugerencia 😉 Beso gigante! Ari

      Responder
  8. Ari, mi niña!! Aventura donde las haya! He visto fotos tuyas en redes y reconozco que me parecía “extraño” verte tan lejos en pleno confinamiento.
    Hoy, leyendo tu historia, me parece maravillosa y ten por seguro que la mayoría de la gente que te criticó, obviamente, no sabe nada de ti.
    Enhorabuena por tu valentía. Siéntete orgullosa de tus decisiones y sigue adelante con tus sueños y proyectos.
    Un beso enorme desde tu islita. Y “stay save!”

    Responder

Deja un comentario

✈viajES
EN GRUPo

✌ TAILANDIA SAME SAME BUT DIFFERENT

VERANO 2022

¡Sawadee Ka! 🙏

Anímate a descubrir conmigo la nueva Tailandia post pandemia: una Tailandia sin masificaciones, con una naturaleza más linda que nunca 😍 ¡Una Tailandia que, así como está ahora, sólo se vive una vez en la vida! ☘

Y vamos a disfrutarla con un súper viaje en grupo de 14 días que no vas a poder olvidar, lleno de aventuras muy auténticas 🎒 y muchas sorpresas y regalos 🎁