Bilbao, arquitectura y gastronomía

Cuando supe que íbamos a viajar a Bilbao me alegré mucho, pues el norte de España es una zona que conozco bastante poco y que me han recomendado bastante. Ya me había desconsolado con el reciente viaje de Jesús del blog Vero4Travel y con las historias que contaba un amigo palmero que estuvo viviendo allí. Así que ya me desquité… aunque he de reconocer que pensé que 4 días serían suficientes para conocer bien la ciudad y algo de los alrededores, pero me equivocaba. Fuimos a la carrera. Y no lo pudimos disfrutar igual, pero pudimos abarcarlo prácticamente todo.

Si me preguntaran cómo percibo Bilbao, o qué es lo que esta ciudad tiene que ofrecer, lo resumiría en dos palabras: arquitectura y gastronomía. Pasear por Bilbao es dejarse embobar con sus paisajes, sus preciosos puentes, sus edificios… toda una arquitectura digna de admiración, cuyo máximo exponente es sin duda el Museo Guggenheim, que aunque he de confesar que no visité en el interior (no soy muy de museos, y quien me conoce ya lo sabe), el exterior bien merece una paradita, y es que el lugar está lleno de vida. Niños, parejas paseando, gente haciendo deporte, paseando a los perros, grupos de jóvenes pasando el rato… También tuvimos la suerte de que nos acompañó el buen tiempo… si es que hasta pasamos calor!!!!

Como os decía, no puede entenderse Bilbao sin su gastronomía, y es que forma parte de la idiosincracia de los locales y de su día a día. Salir de pintxos es toda una experiencia social, pero encima con una comida deliciosa y a un muy buen precio. Y es que Bilbao me conquistó con sus pintxos y zuritos. Con lo que me gusta a mi un tapeo.

Adentrarse en el casco viejo un domingo a media mañana, después de pasear por su mercado de las flores, es increíble. Qué ambientazo. Un montón de gente por la calle, los bares a rebozar, el rico olor de los pinchos que se entremezcla con el de la cerveza y el vino. En definitiva, una delicia!!

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