Mi experiencia viajando sola. Consejos y recomendaciones

Viajar sola puede ser una de las experiencias que más miedo pueden dar, pero te brindará sin duda una de las vivencias más bonitas y enriquecedoras de tu vida.

Últimamente recibo muchos mensajes de viajeras preguntándome sobre el tema, así que me he animado a escribir este post contando mi experiencia.

Conozco a muchas mujeres, y hombres también, que viajan solas por todo el mundo y además con frecuencia. Yo he viajado sola varias veces, también con pareja, en familia y con amigos. Cada tipo de viaje tiene sus pros y sus contras, así que no me decanto por ninguno, depende de las circunstancias y de lo que me apetezca en cada momento.

¿Cuándo empecé a viajar sola?

Mi primer viaje sola fue a Marruecos. Fue hace ya como seis años. Me fui un mes de voluntariado a Casablanca durante el ramadán. Podría decirte que todo fue color de rosa. Pero no. Fue un viaje muy sufrido en muchos aspectos pero ha sido una de las experiencias más espectaculares que he vivido en mi vida. Son de esos viajes que nunca se olvidan, pase el tiempo que pase.

Quitando algunas escapadas, mi otro gran viaje sola fue el verano pasado a Asia. Una aventura que además llegó en un momento personal muy necesario. Siempre digo que volví de ese viaje siendo otra, con energía nueva. Este año repito viaje sola a Asia (de momento sólo con billete de ida).

¿Por qué viajo sola?

En mi caso, a veces viajo sola porque no tengo con quien viajar. Si quiero ir a un sitio y es misión imposible aunar fechas, presupuestos e intereses con la gente que me rodea, pues no espero por nadie. No voy a quedarme en casa, me lanzo a viajar sola.

También viajo sola porque es una forma diferente de conocer un lugar. Cambia el modo en que veo y siento las cosas. Sin interferencias de ningún tipo. Todo se intensifica. Sola ante el mundo, en un viaje de descubrimiento de un país o región, pero también en un viaje interior hacia mi misma. Y eso, no tiene precio (aunque tampoco hace falta irse a la otra punta del mundo para hacerlo, pero te obligas a salir de tu zona de confort).

Lo que más me gusta de viajar sola

Viajar sola me permite conocer a muchísima gente. Te aseguro que cuando vas con alguien no estás tan abierta a hacer amistades. Si no hubiera estado sola en Tokio no hubiera conocido a unos simpáticos hermanos australianos en el paso de peatones de Shibuya, con los que compartí almuerzo y muchas risas. Ni tampoco hubiera conocido a Sam en la zona de fumadores del aeropuerto de Bangkok (con el que todavía tengo contacto), ni tampoco a Joshua en Kioto (con quien tengo aún amistad), con el que estuve varios días recorriendo templos y saliendo de fiesta hasta el amanecer. Seguramente, sola o no, habría hecho amistad igualmente con Cami en Koh Tao, pero no hubiéramos tenido el vínculo que tuvimos, y que mantenemos (¡te quiero mucho amiga! ¡gracias por cuidarme tanto!).

Lo que te quiero decir con esto es que ir sola te obliga a relacionarte. Da igual si eres sociable o no, lo harás. Posiblemente conozcas gente que hasta considerarás “familia”.

Viajar sola me permite hacer lo que quiero cuando quiero. Esa libertad mola muchísimo. Me quise quedar un día más en Koh Tao, y lo hice. Sin tener que convencer a nadie ni dar explicaciones. Cambié barco y vuelo, y perdí dinero, sí, pero lo hice porque sentía que tenía que aprovechar hasta el último instante en ese sitio con la gente con la que compartí.

Viajar sola me permite adaptarme a mi presupuesto. Qué difícil es a veces cuadrar itinerarios, gustos, aficiones y sobre todo dinero. Aunque me adapto con facilidad y viajo bien con (casi) todo el mundo, me gusta estar sola porque voy del rollo que quiero. Si quiero quedarme en un hostel súper barato para gastar dinero en alguna excursión, lo hago. Si quiero darme un capricho y pagar un poco más para estar unos días cual reina, lo hago también.

Viajar sola me permite tener tiempo para mi misma. Eso es esencial sobre todo en viajes largos. Estar 24/7 con la misma persona a veces trae complicaciones. En los viajes hay momentos de cansancio, tristeza, enfado… hay de todo, y estar sola te permite evitar conflictos y centrarte en ti misma. Como te decía antes, es un viaje interior en muchos sentidos.

Lo que menos me gusta de viajar sola

Los ratitos de soledad no siempre son bienvenidos. Hay momentos en los que te apetece tener a alguien de confianza cerca.

Si te pasa algo o te pones enferma, estar sola no ayuda. Lo viví en Tokio, cuando tuve que irme al hospital y cuando apenas podía caminar del dolor de pie. Me hubiera gustado tener a alguien al lado que me ayudara y me mimara un poco.

Cuando a veces estás maravillada con algo y no tienes en ese momento con quien compartirlo. Recuerdo una tarde en Ao Nang, en Krabi, que estaba en la playa con un atardecer de esos que te erizan los pelos. Tenía hasta ganas de llorar de todas las sensaciones que llevaba ya acumuladas durante el viaje. Llamé a mi madre y a mis hermanas por Facetime para compartirlo y regalarles también esa preciosa estampa.

Las anécdotas especiales o divertidas (o del tipo que sea) que no puedes compartir con nadie. Por ejemplo en viajes con amigas o en familia, luego siempre se recuerda en cualquier reunión ese momento mágico, gracioso, etc. vivido en el viaje. Cuando viajas sola, lo recuerdas tú, y aunque lo cuentes, ¡no es lo mismo!

Los traslados se hacen pesados. Cuando tienes que estar 14 horas en un avión o 12 horas en una guagua, apetece tener a alguien al lado que te haga el camino más ameno (aunque siempre se conoce gente por el camino).

La responsabilidad no es compartida. Cuando viajas con otras personas se puede distribuir el trabajo. Uno se encarga de sacar los vuelos, otro hace el itinerario de tal sitio, etc. Al estar sola de viaje, todo eso recae sobre ti. Sí, es más trabajo.

Pedir fotos a desconocidos. Yo no tengo problema en pedirle a cualquiera que me saque una foto, pero no siempre será de tu gusto jajaja Cuando vas con alguien es más fácil, aunque yo ya creo que opto por los trípodes y así pongo fin al problema.

Mis consejos y recomendaciones

Si estás leyendo este post es porque te ronda por la cabeza la idea de lanzarte sola a la aventura. Mi primer consejo es: ¡hazlo!

Sé que da miedo y vértigo. A mi aún me sigue dando, no te voy a mentir. Pero se superan, porque este tipo de viaje es súper gratificante. Vivirás una experiencia muy intensa, llena de aprendizajes. Te obligarás a abrirte al mundo y a los demás y también a despedirte (que a veces es más difícil).

Te demostrarás a ti misma que puedes. Parece una tontería. Lo sé. Pero no lo es. Es como si de alguna manera fuera una especie de reto personal. Cuando vuelves a casa te sentirás realizada.

Lo mejor es que busques alojamientos tipo hostal, donde sabes con seguridad que va a haber más gente viajando sola y posiblemente con la que compartas muchos intereses.

Si optas por hotel, te recomiendo que pases algo de tiempo también en las zonas comunes (piscina, bar, etc) porque también ahi se conoce gente. Mi primer día en Bangkok hice amistad con dos chicos. A uno lo conocí en la piscina y al otro en el bar. Acabamos juntos los tres cenando y bebiendo cerveza.

No tengas vergüenza. Y si la tienes, déjala en casa. Cuando llegué a mi hostel en Kioto, mientras me hacían el check in me acerqué a hablar con un chico que estaba sentado allí solo. Le pregunté de dónde era y empezamos a charlar. Acabamos invitando a gente a unirse (la happy hour del hostel ayudó en la labor) y nos fuimos como 8 o 10 personas a cenar juntas y de karaoke. Hay que echarle cara y ponerle ganas.

Si haces buenas migas con alguien, o con algún grupo, únete a sus planes (si te dejan jajaja) y proponles otros. En Marrakech conocí a varios grupos de españoles con los que me junté para hacer diferentes cosas. Sobre todo cuando son viajes largos, a veces apetece hacer cosas en grupo.

Sé flexible. A mi me encanta organizar mis viajes y planificar rutas y visitas, pero también dejo margen a la improvisación. Cuando viajas sola no sabes lo que te vas a encontrar en el camino, así que te recomiendo que no lleves todo cerrado, para que tengas margen de ir adaptándote a lo que la vida te ponga en el camino, que si algo es seguro es que hay grandes aventuras esperándote ahí fuera.

Responsabilidad y cabeza. Me pongo en modo madre y te doy el consejo que siempre me repite la familia cada vez que salgo de viaje. Mucho cuidado. No hace falta escudarse en los miedos, sólo tener un poco de cabeza y sentido común y no hacer locuras. No te metas en líos, huye de situaciones incómodas y de gente que no te de buena espina. Ve informando a tu familia o amigos o quien quieras de dónde estás, o les pasas tu itinerario de viaje.

No viajes sin seguro. Esta recomendación sirve para cuando viajas sola pero también en compañía. No asumas riesgos innecesarios, que nunca se sabe lo que puede pasar. Te lo digo por experiencia propia.

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