San Miguel de Allende, la niña bonita de México

Hace poco más de un mes tuve la suerte de volver a plantar mis pies en esta distinguida ciudad colonial del estado de Guanajuato en México.

Declarada Patrimonio Mundial de la Humanidad en 2008 junto al santuario de Atotonilco, la urbe, fundada en el siglo XVI, también fue escenario de la lucha por la independencia del país.

San Miguel de Allende es considerada una de las ciudades más bonitas de todo México, lo que explica que sea tan turística y que en los últimos años se haya convertido incluso en un importante destino para bodas. Quién no querría casarse en este decorado?

Como sacada de un lienzo, destaca por su arquitectura colonial, su sutil amalgama de opulencia y humildad, su vivacidad y la alegría que se respira en sus calles. Si personalizáramos San Miguel de Allende, no me cabe duda de que sería mujer. Sería elegante, cercana y risueña.

Esta pequeña localidad mexicana, que tanto me recuerda a La Laguna en mi isla de Tenerife, también patrimonio de la humanidad, es el escenario perfecto para poner en práctica el slow travel. No hay nada como sentarse en uno de los banquitos de la plaza principal y el Jardín Allende, o bien en las terrazas colindantes, a ver la vida pasar:

Un grupo de estudiantes de arte se acomoda frente a la parroquia con sus lápices y láminas para dibujar. Nada les perturba. Algunos llevan auriculares con música, quizás para inspirar los trazos… Varios vendedores ambulantes intentan atraer compradores, qué turística es San Miguel de Allende. Muy cerquita un grupo de mariachis canta a pleno pulmón para todos los presentes, y un grupo de jovencitas se pasea luciendo unas preciosas coronas de flores a modo de diademas.

Sin apenas darse uno cuenta, se pierde en miradas curiosas a la Parroquia de San Miguel Arcángel. Primero, por su singular arquitectura y color, y luego, por los múltiples ángulos desde los que poder divisarla, siempre sorprendente e imponente. Es inevitable comenzar el paseo y no girarse a echarle una última contemplación.

Pero ese raro flechazo, mezcla de fascinación y curiosidad, se va diluyendo a medida que uno se adentra en sus empedradas calles y callejones, de la misma manera en que poco a poco merma el amor, y el amado es reemplazado por otro que ocupa sin pena su lugar.

Hay que aprovechar al máximo el tiempo del que se disponga, porque hay que disfrutar sin prisas el recorrido por estas calles tan llenas de historia y de historias, de colores alegres y gentes risueñas y amables. La calle Aldama es quizás la más bonita de la ciudad, o al menos la más fotografiada, así que toda ruta que se precie debe incluirla.

Calle Aldama.

Pero San Miguel es más que arquitectura y color, es también arte. Hay que visitar el Centro Cultural Ignacio Ramírez El Nigromante, y deleitarse con sus murales.

Otro espacio de referencia es la Fábrica La Aurora, a pocos kilómetros del centro, donde artistas de diferentes disciplinas realizan y exponen sus obras.

Para los amantes del callejeo y los mercadillos, la ciudad cuenta con el Mercado de Artesanía. Es difícil resistirse a comprar alguno de los artículos, como las calacas (calaveras), o los trabajos en lana o vidrio soplado. No se puede salir con las manos vacías!

Para reponer fuerzas qué mejor que una paradita en alguno de sus deliciosos restaurantes para probar la gastronomía local (muy recomendado el Restaurante El Manantial y la terraza de La Posadita) o en sus singulares cantinas, donde degustar el tequila de la tierra. Toma nota: La cucaracha, el Tenampa, la Coronela, la 21 Única, El Gato Negro y el Manantial, las más antigua.

Jesús del blog Vero4Travel en la cantina El Tenampa.

Siempre me he reconocido fan de las vistas desde lo alto, para aquellos que compartan esta afición es parada obligatoria el Mirador, un pequeño balconcito desde donde poder observar la ciudad.

Para los más aventureros también cabe la posibilidad de explorar la ciudad en quad o cuatrimoto, adentrándose en lugares más desconocidos, conociendo zonas naturales de la ciudad y por supuesto, poniendo a prueba la habilidad al volante por las calles del centro.

Sucumbir al poder de la leyenda: el test de fidelidad del Tumbagón

Si Guanajuato presume de contar con numerosas leyendas que inundan muchos de sus rincones, San Miguel de Allende sorprende con la historia que se esconde detrás de su dulce más típico: el tumbagón. Se dice que si tomas con un dedo esta oblea enrollada, recubierta de azúcar y canela, y la muerdes por la mitad sin que se rompa, significa que eres fiel. Si se rompe… pues bueno, ya sabes… la cosa se pone fea. Mejor que tu pareja no se entere.

El Jardín Botánico “Charco del Ingenio” se encuentra algo alejado del centro pero cuenta con una colección de cetáceas y flora de la zona y una bonita vista de la ciudad.

El santuario de Atotonilco, la capilla sixtina mexicana

Este estado del interior de México esconde una auténtica obra de arte, conocida como la capilla sixtina de México.

A 8 kilómetros de San Miguel de Allende se encuentra este conjunto arquitectónico que ha sido objeto de una ardua tarea de restauración en las últimas décadas y que cuya construcción fue iniciada en 1740.

Nada más comenzar la visita y entrar por las puertas del santuario, sus pinturas llaman la atención del visitante. El artífice de este ambicioso proyecto, que bien puede recordar a la Capilla Sixtina del Museo Vaticano, fue el padre Luis Felipe Neri de Alfaro, que se inspiró en el Santo Sepulcro de Jerusalén y que quiso dotar de gran misticidad a este espacio.

La capilla de Jesús Nazareno es la principal. Y a un lateral se ubican las capillas del Santo Sepulcro y el Calvario, sin duda alguna la parte más llamativa del recorrido.

Las pinturas del interior recrean la pasión y vida de Cristo, así como los textos, que además incluyen ciertos misticismos. No es de extrañar, pues antaño esta zona se dedicaba a los cultos indígenas.

Desde 1765, cuando se concluye la capilla, se empiezan a hacer aquí ejercicios espirituales y desde entonces, se ha consolidado como punto de peregrinación de muchos mexicanos.

Hoy, convertido en uno de los principales atrayentes turísticos del estado, y ubicado en un humilde y sencillo pueblito, el santuario de Atotonilco atrae a miles de turistas, amantes del arte y devotos. Y fue precisamente por esta construcción y por su valor, que la Unesco concedió a San Miguel de Allende el título de Patrimonio de la Humanidad.

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Gracias a Turismo de Guanajuato por brindarme un año más la posibilidad de poder visitar esta maravillosa tierra que me tiene enamorada, y gracias a los compañeros de este blogtrip #Mexico4Travel por hacer de esta experiencia algo inolvidable. 

Espero que nos volvamos a ver pronto San Miguel de Allende. Me llevo la maleta llena de bonitos recuerdos y vivencias. Siempre te llevaré en mi corazón!

6 comentarios en «San Miguel de Allende, la niña bonita de México»

  1. Que bonito compi y que bien lo pasamos. A mi también me recordó a nuestra querida ciudad de La Laguna. Cada vez que vengo a Mexico tengo mas claro que es un pais alucinante mas allá de sol y playa.

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  2. Qué bonito relato, Ari,

    me encanta leer un relato de algo que viví y que pueda darme nuevas sensaciones y reforzar las que ya viví. Está genialmente escrito. Y poco puedo añadir, pues me pasó lo mismo recorriendo esas calles y recordándolo solo me entran ganas de volver… viviría allí un tiempo, no te digo más!!! jejeje

    Un abrazo graaaande!!!

    Ire

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