Múnich, el paraíso de la cerveza

No hay dietas que valgan si vas a viajar a Múnich, así que no lo intentes, si tu escapada es de unos días tampoco va a pasarte nada por entregarte en cuerpo y alma a las delicias gastronómicas de esta encantadora ciudad alemana. Unas delicias que consisten básicamente en cerveza, cerveza y más cerveza (he muerto y estoy en el cielo), y las famosas salchichas alemanas, de distintos colores, sabores y tamaños.

Y qué mejor forma de darse al vicio que hacerlo de la manera más tradicional, en los jardines de la cerveza, llamados en alemán biergärten. Y te preguntarás qué es eso. Pues se trata ni más ni menos que de un espacio al aire libre, con el suelo de gravilla, con numerosas mesas y bancos en los que sentarse a beber (y a comer!) bajo la sombra de un castaño. Y en los que puedes encontrar a muchos camareros, e incluso clientes, vistiendo los típicos trajes bávaros… y es que te puedo asegurar que es tal y como te lo estás imaginando… tan real como la vida misma!

En Múnich hay decenas de estos biergärden (sobre todo en verano), de hecho en el mismísimo centro tienes uno, en el Viktualienmarkt, el famoso mercadillo que encontrarás en la trasera del viejo Ayuntamiento. Dicen que no es un jardín de la cerveza típico, pues no tiene el suelo de gravilla, pero claro, por su ubicación, es bastante turístico. También encontrarás otro en el Jardín Inglés, dentro del propio parque (eso sí, olvídate de entrar en los días de lluvia porque serás el único atrevido -y embarrado!)

Biergärden del Viktualienmarkt 

Otra opción es visitar algunas de sus más famosas y antiguas cervecerías, como la Hofbräuhaus, que solía ser frecuentada por Hitler (de hecho, en la parte superior era donde Adolf Hitler daba sus discursos), y que ocupa un enorme local, con decenas y decenas de meses, y un pequeño jardín exterior, y donde se disfruta también de espectáculos de música típica en vivo.

Otra buena opción es la cervecería agustina, muy cerquita de la Marienplatz, una de las más antiguas y famosas, que data de 1.328, y que anteriormente era un monasterio donde los monjes agustinos elaboraban su propia cerveza y que fue derruido tras la segunda guerra mundial y reconstruido para albergar hoy día esta cervecería.

Ya te digo que aún siendo un experimentado bebedor, quizás no des la talla en Múnich, pues allí las jarras se empinan desde el desayuno prácticamente. Puede que te pase como a mi, y que acabes el viaje prometiendo no beber más cerveza durante los próximos 2 meses!!!

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