El Valle de Ourika y sus siete cascadas

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A unos 60 km de Marrakech se encuentra el Valle de Ourika, el lugar perfecto para escapar del bullicio y el calor de la ciudad roja y sentir el placentero sabor de la naturaleza. El frescor de la vegetación, las vistas desde la montaña y el rugido de sus siete cascadas, convierten a Ourika en uno de los principales atractivos turísticos de esta zona del país.

La visita comienza en la aldea de Setti Fatma, que, aunque inundada de turistas, posee un encanto único. Los locales se entremezclan con los visitantes, tomando el te en la misma orilla del río Ourika, durante el verano plagada de restaurantes y locales. La sorpresa del turista es encontrarse algunas de las mesas dentro del mismo río. Que mejor manera de refrescarse que entrando en contacto con el agua helada que llega desde las cumbres.

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Cómo moverse por Marrakech

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Moverse por la ciudad es fácil, pues prácticamente en el centro y en las proximidades están la mayoría de los atractivos turísticos. En cuanto a las opciones que hay: bus, bus turístico, a pie y paseos en carruaje.

Taxi

Para visitar sitios algo más alejados la mejor opción es el taxi. Más caro que en otras ciudades como Casablanca o Agadir, ya que en la mayoría de los casos ni siquiera usan el contador, sino que hay que pactar el precio con anterioridad. Hay que regatear sin piedad, porque siempre quieren estafar y piden precios elevadisimos por recorridos bastante cortos.

Bus

En cuanto al bus, de la compañía Alsa, es baratísimo, pero en mi caso ni me lo planteo. Demasiado llenos, demasiado calor. Todo depende de los días que se vaya a estar en la ciudad, los lugares a visitar y el presupuesto del viaje.

Por ejemplo el bus turístico me encanto. Totalmente recomendable. Permite hacerse una idea general de la ciudad y ver los principales lugares de interés. Hay varias opciones:

– 75 dirhams por 24 horas, haciendo el recorrido seguido
– 145 dirhams por 24 horas, pudiendo bajar y subir en cualquier parada
-190 dirhams por 48 horas, como la opción anterior

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El zoco de Marrakech

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Perderse en otra cultura, adentrarse en un laberinto de misticismo y reconvertir el concepto de compras… Así se siente uno cuando visita el zoco de Marrakech. Pese a ser mi cuarto o quinto zoco en este país, por primera vez he sentido esa magia que sólo lo desconocido, lo nuevo y diferente, te puede dar. Quizás sean sus caprichosas ramificaciones laberínticas, que se entrecruzan con calles más anchas y principales, quizás sea su abundancia en colores, olores, sonidos y calores, o quizás sea ese aire antiguo, que en ocasiones raya lo ruinoso… Sea cual sea el motivo, lo cierto es que transporta a ese otro mundo que el visitante anhela cuando decide venir a Marruecos.

El corazón de la Ciudad Roja, este gran zoco y la siempre viva plaza Jamaa el Fna, late con una intensidad envolvente, que aumenta a medida que el sol y el calor se van desvaneciendo. Miles de personas inundan cada rincón del que sin duda es el mayor atractivo de Marrakech.

Visita ineludible, pone a prueba las habilidades negociadoras de quienes se adentran en el, así como su paciencia para sobrellevar a los cientos de vendedores que se abalanzan con la esperanza de hacer una buena venta. A esto hay que añadir también la resistencia al calor, a las multitudes humanas y a la impotencia que genera la pérdida del sentido de la orientación. Cuando todo esto se supera, e incluso se disfruta, como es de esperar, se convierte en una experiencia mágica, al tiempo que interesante.

Como en los demás zocos, se puede encontrar de todo, y si se regatea bien se pueden hacer buenas compras, aunque sigue siendo más caro que comprar en los zocos de Agadir o en Casablanca.

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