
Visitar la Mezquita Hassan II en Casablanca (el segundo templo musulmán más grande del mundo, después de la Meca) es indispensable cuando uno va de vacaciones al país, es como ir a París y no visitar la Torre Eiffel, pero si os soy sincera poco tiene que ver con el resto de la ciudad y la vida de los marroquíes.
Un símbolo de ostentación. Eso fue lo que pensé cuando la vi por primera vez. Pero desde luego, sorprendente, por su altura (172 metros mide su minarete), su perfecta ubicación junto al mar, la enorme extensión de sus exteriores, con una gigantesca plaza, una zona de jardines y arcos que dan tregua al sofocante calor y un interior que pueda albergar a unas 25.000 personas, junto con las 100.000 más que pueden concentrarse en la explanada.
